El rehilete -al igual que el cine o el video- engaña con un movimiento más veloz que nuestros ojos, para crear la ilusión que fascina y encanta a los niños.
Así también mi Ciudad de México -y el fantástico y colorido movimiento de su sarape veteado- que puede hacer tropezar a los desatentos e imprudentes contra un zumbante delirio.
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miércoles, 14 de enero de 2009
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