Líneas en fuga ascienden con garbo como las notas de un violín que toca un allegro, hilando faldas gigantes de cerros ignotos, dibujando veredas, tramando sendas comunicantes o de sinuosas intenciones, recreando campos fértiles, llenos, que se tapizan con el frondoso verdor de la vida. Chispas de hojas, ritmo y armonía, estallidos arbóreos, y la redundancia sinfónica de pastos y arbustos que repiten sin agotar aún la inacabable y barroca manifestación vegetal.
Son ahora las líneas campos completos, parajes y rincones de roca. El mar de vida de gala ha vestido la ruda piel de la tierra. Se elevan riscos y cantiles, murmura el río, incesante, portador de la esencia vital de este paisaje serrano. Y entre los pequeños y engreídos picos que asoman sus pétreos mentones, se yerguen valerosos, como jades magníficos, los órganos, y su matemática pasión con que apuntan al firmamento. Sólo las nubes contemplan así la perfección de este movimiento de creación, embellecidas por el azul de querúbea joyería, que sin merecerlo siquiera, pueden nuestros ojos contemplar en un día como éste.
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miércoles, 31 de diciembre de 2008
domingo, 28 de septiembre de 2008
Vida de la montaña...
Viajando por la Sierra Oaxaqueña. Detenerse en San José, admirar debajo de nosotros un vasto mar de nubes que ha inundado de blancura y asombro el increíble paisaje montañoso y descomunal. Convivir riendo como niños entorno a una fogata, gozando el pulso de la vida, pensando como quizá pensaría ya el primer ser humano. Bendiciendo la existencia de los otros, la coincidencia providencial que a los diez nos ha traido hasta aquí. Simplemente, contemplando: las soberbias pinceladas del fuego sobre el lienzo de la noche, la calidez armónica de la naturaleza en los diseños orgánicos e impecables de cada vida... Inevitable la oración, la sabia medicina natural nos ha recordado la gratitud.
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