jueves, 5 de junio de 2008
¿En perseguirme mundo, qué interesas?
El mundo exterior ha entrado hasta la intimidad de nuestros hogares. En la cocina, en las recámaras, hasta en los baños. Acecha con sus peligros en los lugares donde nos sentíamos más seguros. Ahora están disponibles las cosas más peligrosas de las calles, y del globo terráqueo, aquí mismo, en casa, con su innovador servicio a domicilio, milagro de la telecomunicación.
Esta invasión del mundo, nada sería sin la ayuda de los aparatos electrónicos, sus médiums. Sin salir a ninguna parte, gracias a la TV, a la pantalla de una PC o de un teléfono celular con multimedia, toda la miseria de la mundanal grandeza al alcance de las manos de los pequeños, en la comodidad del hogar.
miércoles, 16 de enero de 2008
El mundo es un terrible desierto
¿En qué te ofendo, cuando sólo intento
poner bellezas en mi entendimiento
y no mi entendimiento en las bellezas?
El mundo es un terrible desierto, a duras penas la vida espiritual puede abrirse paso -con dificultades y sinsabores- entre las ardientes arenas y el clima extremo de las pasiones. Hostil a la vida verdadera del espíritu, este mundo rivaliza y conspira contra la humanidad, contra lo auténticamente humano. No es fortuito, mira quién ha sido llamado tradicionalmente como su “príncipe”. Por lo mismo los verdaderos monjes y frailes se abstienen de la vida mundana, su renuncia es la reivindicación del espíritu, expresión de su sabiduría que trasciende toda la inmensa vanidad del mundo.
Arenas que silban, diminutas y finas, por el viento -parecen pronunciar letras arcanas de un idioma sacro-, abundantes arenas de ocre, a veces de sangre, forman curiosas siluetas, serpentinas: con todo y su belleza, ninguna otra cosa se ve en este árido e infértil paisaje, más que la arena y ese vaho que forma los espejismos. Nada más se ve y eso que alcanzo a ver un horizonte lejano…