Otra vez en el aeropuerto, entre gente de diversas razas y naciones, ícono global por excelencia. El mundo me pesa más entre estos pasillos con tiendas, salas de espera, maletas y gente con prisa. Cierta incertidumbre. Las manecillas del reloj enfrente con paciencia recorren su vía habitual, lo mismo que el conserje o el policía de seguridad privada. Los niños humanizan en el lugar, a veces incluso a pesar de los intentos de los padres por limitar su libre cordura. Los niños recuerdan los hogares, contrastan con el mundanal fondo de publicidad, ambiciones, negocios y divisas que saturan los pasillos.
Mañana en Barcelona. No me falta el entusiasmo, tampoco esa latente ansiedad de quien está en proceso de alcanzar su destino.
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jueves, 4 de noviembre de 2010
domingo, 26 de octubre de 2008
Fortaleza de Ulises
La esperanza de volver a Ítaca, de sentir esa brisa en la cara, esas manos de mi amada fiel sobre las mías, y poder mirar los rostros más familiares, y ese firmamento de estrellas siempre vivas y refulgentes. Esta fe nunca me ha abandonado. Por eso insisto, después de tantos años, por eso aún guardo vigor para la lucha diaria, aunque toda mi tripulación caiga en la tentación de la desesperanza. El canto de la gran lechuza no se ha cansado de susurrarme la certeza de mi ilusión: volveré, llegaré a la patria de mis anhelos, y no por mis propios méritos sino por divino decreto del Dueño de todos los destinos.
miércoles, 26 de marzo de 2008
Fe de Penélope
Esperaba sentada en la mitad de la primavera, el sonido, la visión, o lo que le permitiera saber que Él ya llegaba. Virtud de Penélope en una cristiana americana del siglo XXI, que sabe soportar a fuerza de confianza y constancia.
Daba gracias a la vida aun en estos tiempos en que se hacinan cadáveres encima de urbanas conciencias, daba gracias aun teniendo que soñar bajo las constantes amenazas y alarmas de una guerra tibia, daba gracias a Dios por la vida aun llorando el sufrimiento de sus pequeños. No olvidaba nunca el amor de Dios, aun entre graves carencias y miseria material.
Cobijada por el manto de la noche, esperaba con aflicción y desconsuelo, implorando Su llegada con lamentos y sollozos. De día esperaba tejiendo alegrías y consuelos para sus seres queridos.
Daba gracias a la vida aun en estos tiempos en que se hacinan cadáveres encima de urbanas conciencias, daba gracias aun teniendo que soñar bajo las constantes amenazas y alarmas de una guerra tibia, daba gracias a Dios por la vida aun llorando el sufrimiento de sus pequeños. No olvidaba nunca el amor de Dios, aun entre graves carencias y miseria material.
Cobijada por el manto de la noche, esperaba con aflicción y desconsuelo, implorando Su llegada con lamentos y sollozos. De día esperaba tejiendo alegrías y consuelos para sus seres queridos.
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