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viernes, 4 de enero de 2008
Cibernáutica
Navegar sobre una red de signos. Navegar sobre y dentro de un oceáno matemático-verbal, que no por virtual es menos real, que no por digital es sólo un invento nuestro: algo de la naturaleza del internet nos trasciende, esa inmensa y finísima retícula de relaciones, ese sutil ciberespacio que propiamente no existe, es una suerte de topos uranus artificial que se ha encendido con electricidad, capaz de interconectar nuestra vida intelectual con toda la certeza del sonido y la imagen. Por otro lado, es al remar cuando va cobrando sentido el descomunal maremágnum de bits, que sin nuestra consciencia (awareness) no es nada, requiere de nuestra humanísima relación verbal-interpersonal. Más divina inspiración pues, que magia tecnológica: entre el hardware inerte se ha levantado el Logos con su racionalidad, con su naturaleza que es encuentro, con su vida. Y realmente puedo hallar a mi prójimo, el medio cumple: la comunicación se realiza, verdadera.

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jueves, 3 de enero de 2008
Viajar, contemplar y ser humano
El viajar invita a la contemplación, por lo tanto, humaniza.
(Y este carácter humanizador es más importante que su carácter ilustrativo)
Por algo en la antigua Grecia, se podía decir que ser filósofo era también ser viajero.
(Y este carácter humanizador es más importante que su carácter ilustrativo)
Por algo en la antigua Grecia, se podía decir que ser filósofo era también ser viajero.
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Viaje magallánico
Durante el último mes del año 2007 que recién se ha extinguido, recibí la gran bendición de viajar por Argentina. Mi percepción es que apenas estoy regresando, aunque ya han pasado dos semanas. Lo que he podido ver ha rebasado por completo mis expectativas, quedé maravillado y enamorado de un país lleno de belleza. Nunca pensé recorrer la Patagonia, mucho menos imaginé que fuera tan increíble: como el turquesa del río Argentino, sus paisajes ni soñados podrían haber sido tan bellos. País de viajeros y exploradores, gente de semblante amable, tan europeos en tantas cosas, tan viajantes como yo sobre un catamarán por el Canal de Beagle. Con todo, admirablemente, se han forjado una identidad a golpe de esfuerzo e historia, como San Martín con voluntad logrando la patria argéntea.
Y aunque ahora estoy en mi domicilio actual -en mi patria, bajo el techo que habito, en mi escritorio, sentado fumando mientras trabajo en la computadora- sigo lejos de mi casa, pobre quijote de mí, triste náufrago: el tesoro de mi corazón no es de este mundo.


Fotos: 1. "Estepa patagónica"; 2. "Lago Onelli".
Y aunque ahora estoy en mi domicilio actual -en mi patria, bajo el techo que habito, en mi escritorio, sentado fumando mientras trabajo en la computadora- sigo lejos de mi casa, pobre quijote de mí, triste náufrago: el tesoro de mi corazón no es de este mundo.
Fotos: 1. "Estepa patagónica"; 2. "Lago Onelli".
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martes, 1 de enero de 2008
Bitácora de viaje.
Ha sido un viaje, nuestra vida, desde los tiempos remotos del naufragio moral de Adán, tan sólo un viaje, una peregrinación, un éxodo. Erramos. Pero, si no es para andar, para qué las piernas, si no es para la felicidad, para qué los deseos que nos mueven a la meta desde nuestras menesterosas entrañas.
Aun en casa, en la casa de nuestros padres o abuelos, por muchos años vividos en cualquier morada, nuestra estancia en esta vida postadánica ha sido y será efímera frente a la eternidad: un viaje pues, ha sido nuestra vida, que dura poco aunque mucho parezca que se dilate. Una terquedad entonces nuestros intentos de eternizar lo perecedero. Todo resulta vano frente a la cuestión, urgentísima y de suprema importancia, de nuestra salvación: la victoria sobre la muerte, que no puede ser tal un prodigio humano -como la pretendida ciencia de un Empédocles- sino que sólo puede provenir de Dios y de su don gratuito. Semejante concepto que la tradición judeocristiana ha insistido en anunciar en este mundo de fugaces devenires, sin duda ha revolucionado ya nuestra humanidad , la manera misma de vernos: si hay algo más que esta vida, nuestra sed inagotable de eternidad tiene sentido. Y con todo ha habido quienes tristemente han rechazado la noticia de esperanza y plenitud.
Y pasan las horas, y hoy celebramos el inicio de un nuevo año. Todo inicio es un momento importante para reflexionar sobre la renovación, la necesidad de metanoia : la conversión auténtica del espíritu.
Aun en casa, en la casa de nuestros padres o abuelos, por muchos años vividos en cualquier morada, nuestra estancia en esta vida postadánica ha sido y será efímera frente a la eternidad: un viaje pues, ha sido nuestra vida, que dura poco aunque mucho parezca que se dilate. Una terquedad entonces nuestros intentos de eternizar lo perecedero. Todo resulta vano frente a la cuestión, urgentísima y de suprema importancia, de nuestra salvación: la victoria sobre la muerte, que no puede ser tal un prodigio humano -como la pretendida ciencia de un Empédocles- sino que sólo puede provenir de Dios y de su don gratuito. Semejante concepto que la tradición judeocristiana ha insistido en anunciar en este mundo de fugaces devenires, sin duda ha revolucionado ya nuestra humanidad
Y pasan las horas, y hoy celebramos el inicio de un nuevo año. Todo inicio es un momento importante para reflexionar sobre la renovación, la necesidad de metanoia
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