Don Faustino creía haber conocido de todo, pocas cosas movían ya su asombro. Había triunfado en la gran ciudad capital, donde era ya una reputada autoridad de las letras y los números. Además, contaba con posgrados en teología y antropología. Harto de sus libros, se volvió coleccionista de extravagancias intelectuales y bagatelas filosóficas. Así llegó a las artes ocultas, que comenzó a aprender en su biblioteca donde antes resonaban los versos de Bécquer, San Juan de la Cruz, Garcilaso o Sor Juana, donde recitaba a Baudelaire o a Claudel en un perfecto francés, no faltaba un Rilke en alemán o un Pessoa en portugués, ese templo ecuménico recibía todas las grandes voces.
Su piel hasta palideció, ya no sabía cómo se sentía el calor del sol sobre los poros. Con todo y su erudición, se estaba volviendo como una fiera de hábitos nocturnos, de escondites, de intersticios. Nunca antes se le había visto en esa actitud enfermiza, durante unos minutos se quedó inmóvil frente al espejo repitiendo: son aforismos mis frases más triviales... Lleno, entripado de su nueva y oscura sabiduría, extravió su piedad en el estante de astrología o numerología; y su alma en el de Tarot, quiromancia y otras artes adivinatorias. Pero ya no le importaba, embebido por la miel narcotizante de su gnosis que le hacía sentirse como un dios.
Don Faustino no tuvo una Helena que lo perdiera, pero tampoco una Margarita que lo ayudara. Aunque se cree que no conoció salvación, aquí en el pueblo hay quien dice que al final de sus días, después de un largo sufrir, volvió de su lejano olvido, y que hasta murió cristianamente.
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lunes, 2 de junio de 2008
martes, 1 de enero de 2008
Bitácora de viaje.
Ha sido un viaje, nuestra vida, desde los tiempos remotos del naufragio moral de Adán, tan sólo un viaje, una peregrinación, un éxodo. Erramos. Pero, si no es para andar, para qué las piernas, si no es para la felicidad, para qué los deseos que nos mueven a la meta desde nuestras menesterosas entrañas.
Aun en casa, en la casa de nuestros padres o abuelos, por muchos años vividos en cualquier morada, nuestra estancia en esta vida postadánica ha sido y será efímera frente a la eternidad: un viaje pues, ha sido nuestra vida, que dura poco aunque mucho parezca que se dilate. Una terquedad entonces nuestros intentos de eternizar lo perecedero. Todo resulta vano frente a la cuestión, urgentísima y de suprema importancia, de nuestra salvación: la victoria sobre la muerte, que no puede ser tal un prodigio humano -como la pretendida ciencia de un Empédocles- sino que sólo puede provenir de Dios y de su don gratuito. Semejante concepto que la tradición judeocristiana ha insistido en anunciar en este mundo de fugaces devenires, sin duda ha revolucionado ya nuestra humanidad , la manera misma de vernos: si hay algo más que esta vida, nuestra sed inagotable de eternidad tiene sentido. Y con todo ha habido quienes tristemente han rechazado la noticia de esperanza y plenitud.
Y pasan las horas, y hoy celebramos el inicio de un nuevo año. Todo inicio es un momento importante para reflexionar sobre la renovación, la necesidad de metanoia : la conversión auténtica del espíritu.
Aun en casa, en la casa de nuestros padres o abuelos, por muchos años vividos en cualquier morada, nuestra estancia en esta vida postadánica ha sido y será efímera frente a la eternidad: un viaje pues, ha sido nuestra vida, que dura poco aunque mucho parezca que se dilate. Una terquedad entonces nuestros intentos de eternizar lo perecedero. Todo resulta vano frente a la cuestión, urgentísima y de suprema importancia, de nuestra salvación: la victoria sobre la muerte, que no puede ser tal un prodigio humano -como la pretendida ciencia de un Empédocles- sino que sólo puede provenir de Dios y de su don gratuito. Semejante concepto que la tradición judeocristiana ha insistido en anunciar en este mundo de fugaces devenires, sin duda ha revolucionado ya nuestra humanidad
Y pasan las horas, y hoy celebramos el inicio de un nuevo año. Todo inicio es un momento importante para reflexionar sobre la renovación, la necesidad de metanoia
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