Mostrando entradas con la etiqueta Palabra. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Palabra. Mostrar todas las entradas

jueves, 14 de enero de 2010

Verbal encarnación

Era evidente la maravilla de la palabra, se creaban relatos para entender la creación, pero aún no se distinguía el verbo del mito. Hasta que el Verbo se hizo carne y la Verdad fue revelada.

lunes, 13 de abril de 2009

Entonces supo

Lo que podía mejor pronunciar, entonces supo, era el silencio.
Y la Palabra lo envolvió, plena y santa, en su sagrado corazón.

miércoles, 11 de marzo de 2009

Palabras

Sí, la poesía, la filosofía o la religión nos han enseñado cómo la palabra da vida.

Pero también hay palabras que matan: adulaciones suaves y dulces como un beso, mentiras minuciosas y ordenadas como el más fino argumento lógico, maldiciones estremecedoras como un relámpago, calumnias verosímiles como una noticia fiel, malos conjuros llenos de una devoción que parece tan sólida como la de una buena oración.

domingo, 26 de octubre de 2008

La vieja beata

“Amarás a Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu espíritu” pensó mientras leía en el muro de un antiguo edificio la palabra “Ley”. Caminaba despacio, su cuerpo debilitado por los años apenas le permitía andar a ese ritmo tan anacrónico para la modernísima urbe en que sobrevivía: parecía una estatua entre veloces autos y gente con prisa. El bullicio del tráfago citadino no perturbaba sus pensamientos, que giraban devotamente en torno a Dios y sus Sagradas Escrituras. “El que me ama cumplirá mi Palabra…” recordaba otra vez como habían cambiado su vida estas palabras, tantos años atrás, cuando aún no tenía ni marido ni hijos.

Y al doblar esa esquina, donde otras ocasiones ya había visto a esos jóvenes perdiendo el tiempo entre burlas y embriagueces, alcanzó a escuchar al pasar: “ahí va otra vez a rezar, esa vieja beata, jija…”. Quién podía entenderlo –pensaba sin voltear siquiera- para estos jóvenes la palabra ‘beata’ es un insulto y rezar una irrisión… ¡que Dios les ayude pronto a encontrar la conversión! Con tan pocas fuerzas para malgastar en pasiones de furia, la anciana ya no podía odiar a esos muchachos: sólo quería y pedía para ellos la paz de las almas que frecuentan los sacramentos, el éxtasis de los que oran con el mayor fervor, la gracia de los que creyentes que esperan en Dios.

En ese momento su preocupación se concentraba en llegar temprano a misa, antes incluso de que el sacerdote entrara. Como quinceañera enamorada ya no podía esperar más, sus ojos reflejaban el brillo de tan jovial ilusión: anhelaba con todo su corazón que llegara ese momento dorado en que recibiría a su Amadísimo Señor. Aun llena de amor, de fe y esperanza, aun con todo el heroísmo de su paciencia cultivada por décadas, aun con su perspectiva alegre y cristiana de la vida, todo el día era de un gris fatigoso hasta que llegaba ese sagrado momento, que daba sentido a los últimos días de su existencia en esta vida terrena de dolores y angustias. Sólo quería vivir para Jesús, y sólo en la Eucaristía se acercaba tanto y tan íntimamente al Amor de sus amores. Sí, ya no había cabida para albergar otro tipo de deseos, sólo quería vivir para el Santísimo Sacramento del Altar.

miércoles, 21 de mayo de 2008

Vida verbal

El amor a la literatura llena las almas hasta desbordarse en el papel con más letras.

Pasión que pervive en su mistérica y sutil existencia, signo y simple dibujo, letra viva que resuena en nuestra consciencia con una nueva intensidad.

En la Palabra vivimos como los peces en el agua: Vida verbal.

lunes, 24 de marzo de 2008

Resurrección de la Palabra

La palabra "resurrección" había muerto, o al menos eso parecía. No se escuchaba en las plazas ni en los teatros, y hasta se dejaba de oir en las casas. Vocablo que sonaba sin ser escuchado, como ruido de fondo, no tenía sentido ni significación. Entonces otra palabra pretendía devorar todo vocabulario: "muerte". ¿Y quién puede entender algo sin la vida de la palabra, quién puede vivir sin entender nada?

Era la Palabra misma, olvidada por necedad humana, la que hacía falta en cada voz. Era también herencia de una Eva y un Adán, que por vana ciencia habían perdido la sabiduría de la vida edénica. Por eso la resurreción a nada sonaba, o sonaba a cuento chino, artificio de mago de fiestas, hechizo fallido, invento de payaso o retórica de merolico. Ah, pobres hombres que habíamos olvidado la verdad y el sentido de las palabras, seducidos por ideologías necrófilas y filosofías huecas, con su olvido habíamos perdido también la propia vida: nosotros éramos los cuentos chinos, los artificios de magos, la retórica del merolico.

La Palabra misma tuvo que encarnarse para liberarnos de las ataduras que ensordecían nuestros espíritus. La Palabra se encarnó, murió y resucitó para dar vida plena a quienes hoy ya escuchan: Resurrección...